Perfecto Herrera









lunes, 9 de febrero de 2015


Cuando ha vuelto al lugar de sus primeros tiempos,
los árboles ya no eran los árboles pasados.
Los de hoy parecen libros
donde cada hoja verde
se halla abierta hacia incógnitas
esparcidas en cielos casi idénticos.

Ni en el espacio es el lugar,
ni son de igual especie,
ni guarecen los mismos pájaros.

Lo inquietantemente pugnaz
es que en las aguas de este río,
en donde sus imágenes extienden
sus tremolantes acuarelas,
no ha visto reflejada
la suya, la de aquellos tiempos.

No ha hallado morada para su memoria.
Los textos reescritos
se han evocado en los ecos borrados.

Daria todo el aire por detener
tanta desolación,
si no hubiese aprendido
que es ,en este incierto presente,
donde se hallan los paños deslumbrantes

de lo aceptado como vida cierta.


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