Encontradas impresiones
“Contemplé tanto la belleza,
que mi visión le pertenece”
Kostantino Kavafis
Derramase la luz en la serenidad blanca,
en donde, no teniendo ningún sentido, ruge
el silencio que lanza nieve de la verdad
sobre el intocado penacho solitario
de la propia presencia invocada en la aurora
por un ángel que trae las llagas de la noche
sangrando como vivas rosas de exterminio.
Pensé que amanecer, para qué, y qué sentido
puede tener el despertar a la herida viva,
con un sinfín nuboso de incandescencias lúgubres
y el átono sonido de las alas de un pájaro
invisible, por sí, y guardado en las tinieblas
que todo lo circunda y, oscuro, lo disipa.
Serenidad, presencia, realidades ciertas
de un cuerpo quieto que se sabe pero no se halla,
de una mano solemne fraguada en el desvelo,
en que la noche, superior al propio limite,
sembró de culebrinas la insondable vigilia.
Clamo a algún perfil, a alguna apariencia
que pudiese dar nombre a esta lucha porfiada.
Nada ni nadie acude en mi ayuda. Mirad,
mirad que todo es apariencia y yo soy sueño,
sólo en mi sola imagen, una entidad efímera
e irreal que solo tiene conciencia de si misma.
Prosigue – yo (eso ya sí) sereno en la luz -
la mañana. Se alejan, extensas, blancas aves
hacia la ennoblecida Superga de los Duques.
No, no me preguntéis de donde vengo triste,
ni a donde voy. Quizás hacia donde no circule
la sombra dilatada de la muerte que acumula
de ausencias la serena belleza ciudadana.
Hoy tomaré café con Primo Levi, Salgari,
Pavese, hablaré de política con Gramsci,
festejaré el aniversario – ya siglo y medio-
de la unificación italiana, y viviré
la solemne belleza de tan áurea ciudad
que mañana me llevo por siempre en la mirada.