Perfecto Herrera









miércoles, 18 de marzo de 2015

THE SONNETS (William Shakespeare) EN HEXÁMETROS CASTELLANOS



THE SONNETS William Shakespeare
THE SONNETS EN HEXÁMETROS CASTELLANOS
Comentario de Perfecto Herrera Ramos, sobre el libro “Sonetos de Shakespeare en hexámetros (1ª parte)”, del poeta Antonio García Vargas.

Aunque siempre ha sido más conocido como dramaturgo, Shakespeare fue también un extraordinario poeta; incluso parece ser que él mismo se valoraba más como lírico que como autor dramático. Aunque escribió poemas extensos como Venus y Adonis o La violación de Lucrecia, se le recuerda como un magnífico compositor de sonetos líricos.
Parece ser, según diversas lecturas tomadas de aquí y allá, que la primera mención de sus sonetos se halla en el Palladis Tamia (Wit's Treasury) (Londres, 1598) del bachiller en Artes por Cambridge Francis Meres, quien alaba a Shakespeare por sus "sonetos de azúcar"; esta mención demuestra que circulaban copias manuscritas de los mismos entre sus amigos íntimos por esas fechas:
«Como el alma de Euforbio se consideraba viviendo en Pitágoras, así el alma ingeniosa y dulce de Ovidio vive en la lengua meliflua y suave de Shakespeare. Testigos, su Venus y Adonis, su Lucrecia, sus Sonetos de azúcar, conocidos de sus amigos íntimos. Y así como se estima a Plauto y Séneca cual los mejores para la comedia y la tragedia entre los latinos, así Shakespeare entre los ingleses es el más excelente en ambos géneros escénicos. Para la comedia son testigos Los dos hidalgos de Verona, sus Equivocaciones, sus Trabajos de amor perdidos, sus Trabajos de amor ganados, su Sueño de una noche de verano y su Mercader de Venecia. Para la tragedia, sus Ricardo II, Ricardo III, Enrique IV, El rey Juan, Tito Andrónico y Romeo y Julieta. Y como Epio Stolo decía que las Musas hablarían en la lengua de Plauto si quisieran hablar latín, así digo yo que las musas hablarían en la bellísima frase de Shakespeare si hubiesen de hablar inglés».
Rozando el 1600, algunos de sus sonetos, el 138 y el 144, salieron de molde en una colección de poesías llamada El peregrino apasionado, miscelánea poética que le atribuyeron en su totalidad falsamente. Fue en 1609 cuando apareció una misteriosa edición completa, probablemente sin su permiso, que editó Thomas Thorpe. Iba dedicada a un tal señor W. H. y estaba escrita en lo que hoy conocemos como Soneto Inglés o Isabelino. Consistían en tres serventesios rematados por un pareado, con rima ABAB CDCD EFEF GG que ya utilizaban algunos poetas ingleses en sus composiciones aunque apenas eran conocidas.
Los poetas ingleses se instalaron en una nueva modalidad de soneto renovada y original y el propio Shakespeare era irónicamente consciente de ello: «¿Por qué mis versos se hallan tan desprovistos de formas nuevas, tan rebeldes a toda variación o vivo cambio? ¿Por qué con la época no me siento inclinado a métodos recientemente descubiertos y a extraños atavíos? ¿Por qué escribo siempre de una sola cosa, en todo instante igual, y envuelvo mis invenciones en una vestidura conocida, bien que cada palabra casi pregona mi nombre, revela su nacimiento e indica su procedencia? ¡Oh, sabedlo, dulce amor, es que escribo siempre de vuestra persona y que vos y el amor sois mi eterno tema; así, todo mi talento consiste en revestir lo nuevo con palabras viejas y volver a emplear lo que ya he empleado. Pues lo mismo que el sol es todas los días nuevo y viejo, así mi amor repite siempre lo que ya estaba dicho».
Los sonetos, a juicio de los entendidos, casi pueden dividirse en dos series: una dirigida a un misterioso joven y los restantes a una enigmática mujer morena, casada al parecer, instruida y de alta alcurnia, que sabía tocar la espineta o clavecín. También aparece ocasionalmente en el trío formado por Shakespeare, el misterioso joven y la dama morena, otro personaje, al parecer un poeta rival, que complica si cabe aún más la extraña relación. El tema es fundamentalmente el Amor y también el Tiempo en su fugacidad. Cada soneto contiene también un movimiento dramático constante que se aprecia en su lectura mediante una especie de mensajes morales, espirituales y filosóficos en los que nos muestra la escasa duración de la vida humana y la necesidad de aprovecharla al máximo. Los primeros 17 sonetos se dirigen a un joven, urgiéndole a casarse y a tener hijos para que transmita su belleza a la siguiente generación. Este grupo de poemas se conoce con el nombre de Procreation Sonnets (Sonetos de la Procreación). Los sonetos del 18 al 126 se dirigen también a un joven, pero expresando el amor que La Voz Lírica siente por él. Los comprendidos entre el 127 y el 152 están escritos por La Voz Lírica a la amante, expresando el amor que siente por ella. Abordan temas como la infidelidad, la resolución para contener la lujuria, etc. Los dos últimos sonetos, el 153 y el 154, son alegóricos.
Los sonetos están escritos en pentámetros yámbicos (tipo de verso usado también en sus obras dramáticas) pero hay tres excepciones: los sonetos 99, 126 y 145. El número 99 tiene 15 versos. El 126 consiste en seis pareados y dos versos blancos escritos en letras itálicas. Y por su parte, el 145 está compuesto en tetrámetros yámbicos, y no en pentámetros. Con frecuencia, el comienzo del tercer cuarteto señala la vuelta o verso en el que el tono del poema cambia, y el poeta expresa una revelación o epifanía.
Con el tiempo, una especie de misteriosa aureola ha ido rodeando a los protagonistas. Así, cada uno de los personajes recibe sobrenombres tales como: Fair Youth; el Rival Poet y la Dark Lady. Se desconoce si los poemas y sus personajes son mera ficción o autobiográficos. Ello ha dado lugar a encendidos debates en los que no entro.
Los sonetos de Shakespeare son, dicen, más sexuales y prosaicos que otras colecciones de sonetos contemporáneos. Hay quien interpreta que son una especie de pastiche o parodia de la tradición de sonetos amorosos petrarquistas que dominó parte de la poesía europea durante tres siglos. Lo que Shakespeare hace es convertir a la «madonna angelicata» en una joven o a la hermosa dama en una dama oscura. Shakespeare viola también algunas reglas sonetísticas que habían sido seguidas por otros poetas pues habla de extraños males humanos que nada tienen que ver con el amor (soneto 66), comenta asuntos políticos (soneto 124), hace chistes sobre el amor (soneto 128), parodia la belleza (soneto 130), juega con los papeles sexuales (soneto 20), habla abiertamente sobre el sexo (soneto 129) e incluso introduce ingeniosos matices pornográficos (soneto 151).
Además de situarse al final de la tradición petrarquista, los sonetos de Shakespeare pueden considerarse como prototipo, o incluso como el comienzo de un nuevo tipo de moderna poesía amorosa. Tras ser «descubierto» durante el siglo XVIII, los Sonetos crecieron en importancia durante el siglo XIX y su influencia se demuestra en la innumerable serie de traducciones que se han hecho de ellos. No hay lengua importante en la que no se hayan traducido. Y existen traducciones de todas clases, metros y colores, unas buenas y otras mejores; todas extraordinarias por el esfuerzo que conllevan. No es nada fácil traducir al genio.
 En el caso de Antonio García Vargas, el mismo me manifestaba que “nunca me consideré preparado psicológicamente para trasladar sus sonetos del original al castellano. Más que nada porque no le veía mucho sentido, la verdad, pues hay trabajos muy bien hechos; la mayoría, y no me sentía capaz de aportar nada nuevo dado que mi dominio del inglés es insuficiente. Un día, mientras paseaba los ojos sobre los sonetos originales, capté en toda su dimensión la dificultad real de pasar esos pentámetros yámbicos, escritos en tan excelso y condensado inglés afilado y cortante cual navaja barbera, a endecasílabos castellanos; ni siquiera a alejandrinos pues, ¡no caben!. Su contenido está comprimido de tal modo que se desborda cual lata de gaseosa que se abre. Y fue entonces cuando me dije: ¿Por qué no los trasladas a hexámetros dactílicos? ¿Por qué no pasas sus cinco yambos de dos sílabas a cinco dáctilos de tres sílabas, más su correspondiente troqueo final? Y sentí cómo se abría todo un abanico de posibilidades. Tras comprobar que nadie lo había hecho hasta la fecha (está traducido, trasladado o versionado, en modelos métricos que giran en torno al endecasílabo y el alejandrino pero no en hexámetros; ni siquiera latinos que yo sepa) me puse manos a la obra hasta decidir que lo más idóneo para albergar tal maravilla sería el hermosísimo y patrio hexámetro castellano, con su amplio salón de 17 sílabas por verso y su música interior de seis ritmos”. Palabras que encierran un esfuerzo improvo.
La edición de esta obra muestra los 77 primeros sonetos en hexámetros junto a su correspondiente del original en inglés. El autor ha preferido dividir la obra en dos partes y publicar primero una y en su momento la otra, debido sobre todo a la densidad del contenido y tratando de no cansar a los probables lectores.
Evidentemente, el autor ha tenido que consultar traducciones anteriores. Y así, el mismo nos dice que “Debo agradecer con toda el alma a los diversos autores de tantas y tantas maravillosas traducciones, estudios, ensayos y versiones líricas consultadas para llevar a puerto mi trabajo, pues sin ellos hubiese sido de todo punto imposible. Unos me han proporcionado palabras; otros ideas; los más conocimiento y una sensación de reconocimiento interno a su coraje, sapiencia y fuerza de voluntad para acometer tamaña obra. Todos, desde los que han traducido o versionado apenas media docena de sonetos, hasta los que han realizado la traducción de todos los sonetos de Shakespeare, en mayor o menor medida, pero todos sin excepción, me han acompañado permanentemente. Ellos han sido el invisible equipo que ha logrado alzarme en esas ocasiones en que el desánimo se apoderó de mí haciendo tambalear mi fe en llegar a la meta impuesta. Por citar sólo a algunos, sin entrar en autores de versiones para otras lenguas, recuerdo a: Luis Astrana Marín; Agustín García Calvo; Pablo Mañe Garzón; Atilio Pentimalli; Carlos Pujol; Gustavo Falaquera; Manuel Mújica Láinez; José María Álvarez; Antonio Rivero Taravillo; Carmen Pérez Romero; Matías de Velasco y Rojas; Ramón García González; Fernando Maristany, entre otros”.
Y como no, en cualquier labor de traducción o traslación de un texto poético de una lengua a otra, el poeta traductor ha de permitirse determinadas licencia. Así, Antonio García Vargas, me manifestaba que “debía pedir perdón por las muchas licencias que me he tomado en la transcripción ya que a veces he poetizado en exceso saliéndome del texto original y dejando volar la imaginación más de la cuenta. Debo reconocer que he disfrutado quitando o poniendo aquí y allá, cambiando el decorado, incluso el sentido de las palabras, sobre todo cuando un determinado pasaje se repetía en exceso. Esto se aprecia sobre todo en los primeros sonetos, cuando aún no me había metido en la mente del genio, pero no he querido cambiarlo posteriormente para no restarle «frescura». Después, poco a poco, me he ido subordinando a su lúcida y traviesa personalidad hasta fundirme en su magnetismo y sentirme inmerso en su gracia”.
Por el resultado, esta traslación poética del genio inglés, y concretamente de sus sonetos, me parece de una importancia encomiable por su dificultad, pero tremendamente fundamental para el conocimiento de la lirica de William Shakespeare a los hispanoparlantes. Siempre recordaré el descubrimiento de Rabindath Tagore, a raíz de la traducción que de su poesía hizo Juan Ramón Jiménez.
Veamos uno de esos sonetos en ambas lenguas:
Soneto 23
Como el actor que en escena…

Como el actor que en escena no cumple con su cometido,
teme fallar y se olvida al decir lo que impone el papel,
tal como él en su furia, el colérico agota palabras y gestos
y el corazón se resiente; el esfuerzo no logra su meta.

Yo que por falta de fe me olvidé de decir lo que siento
sobre las formas exactas de amor, de sus grados y ritos,
cargo con pena profunda muy dentro de mí; desfallezco
bajo la eterna punzada que daña mi exceso de amor.

Déjame entrar en tu ser con mis libros, que sean mi elocuencia.
Que los terribles heraldos que brotan del pecho parlante
hablen por mí y te imploren que seas de mi amor recompensa,
más que la lengua y que expresen mi amor desde dentro del alma.

Busca la forma de leer los silencios que escriben mis ansias.
Oye en mis ojos los signos; verás que es amor verdadero.

Sonnet 23

As an unperfect actor on the stage,
Who with his fear is put besides his part,
Or some fierce thing replete with too much rage,
Whose strength's abundance weakens his own heart;

So I for fear of trust, forget to say,
The perfect ceremony of love's rite,
And in mine own love's strenght seem to decay,
O'ercharg'd with burthen of mine own love's might:

O let my books be then the eloquence,
And dumb presagers of my speaking breast,
Who plead for love, and look for recompense,
More than that tongue that more hath more express'd.

O learn to read what silent love hath writ,
To hear with eyes belongs to love's fine wit.

Título: Sonetos de Shakespeare en hexámetros (1ª parte)
Autor: Antonio García Vargas Registro nº: 200999900453476 – AL-96-09
Editorial: Bubok Publishing, S.L.
Impreso en: Publicaciones Digitales, S.A. San Florencio, 2
41018 Sevilla,

Spain

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